Las actividades extraescolares mueven más a los niños, según un estudio australiano
Un programa aplicado en casi 200 centros de cuidado extraescolar en Australia aumentó un 23% la actividad física de los niños, según la Universidad de Adelaida.

Lo que ocurre después de que suene el timbre también cuenta. Un trabajo de la Universidad de Adelaida (Australia), recogido en España por ConSalud, sostiene que los servicios de cuidado fuera del horario escolar son un espacio poco aprovechado para que los niños se muevan más y pasen menos tiempo frente a pantallas.
Qué se evaluó
El programa se llama Activated OSHC (por las siglas inglesas de out of school hours care, la atención fuera del horario escolar) y está diseñado por la propia universidad junto con el sector del cuidado extraescolar y especialistas en salud infantil del gobierno australiano. Se ha implantado en cerca de 200 servicios que atienden a unos 10.000 niños en todo el país, con financiación pública a través del Fondo de Investigación Médica para el Futuro y del consejo nacional de salud e investigación médica australianos.
La idea de fondo es que no se interviene sobre el niño ni sobre la familia, sino sobre el entorno: la formación del personal que atiende a los menores, el tipo de actividades que se programan y las normas internas de cada centro, incluidas las que regulan el uso de pantallas.
Los resultados que describe el estudio
Según los datos difundidos, los centros que completaron la acreditación del programa registraron mejoras claras. Los niños atendidos en esos servicios tenían siete veces más probabilidades de cumplir a la vez las recomendaciones de actividad física y de tiempo de pantalla antes y después del colegio. La probabilidad de participar de forma positiva en las propuestas de movimiento se triplicó, y la actividad física de intensidad moderada a vigorosa aumentó un 23%.
Hay un matiz importante que los propios autores subrayan. Aunque el 80% de los servicios asignados a la intervención se inscribieron, menos de la mitad terminó todos los requisitos de formación y cambios de política necesarios para acreditarse. Y cuando se analizan en conjunto todos los centros de intervención, acreditados o no, no aparece una mejora significativa ni en el cumplimiento de las recomendaciones ni en la actividad de los niños.
La investigadora principal, la profesora Carol Maher, resume así el problema: diseñar un programa y ponerlo a disposición de los centros es solo una parte, porque los servicios necesitan tiempo y apoyo práctico para aplicar los cambios y sostenerlos. Dicho de otro modo, el efecto aparece cuando el programa se completa, no cuando simplemente se ofrece.
Por qué importa más allá de Australia
El punto de partida es un dato que resultará familiar en muchos países: en Australia, solo uno de cada cuatro niños alcanza la cantidad recomendada de actividad física de intensidad moderada a vigorosa, y uno de cada tres cumple las pautas sobre pantallas. Más de 500.000 menores pasan cada semana por estos servicios de cuidado extraescolar, de ahí que los autores los vean como una franja horaria con margen real de cambio.
Conviene leer el hallazgo con cautela. La información difundida no detalla la duración del seguimiento ni el número exacto de niños medidos en cada grupo, y los resultados proceden de un contexto —el sistema australiano de cuidado extraescolar— que no se traslada tal cual a España. Las investigadoras plantean seguir trabajando en cómo acompañar a los centros que se quedan a medio camino y en si el modelo puede replicarse fuera del país.
En el fondo, la conclusión apunta a algo que también aparece en la investigación con adultos: el entorno pesa. Igual que repartir movimiento a lo largo del día se discute hoy como alternativa a concentrarlo en una hora, aquí la palanca no es la voluntad individual, sino cómo está organizado el tiempo que ya se pasa en un sitio.
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Elaborado a partir de información publicada por ConSalud · Fuente primaria: documento original
