Más de tres millones de españoles conviven con dolor neuropático, según la SEN
La Sociedad Española de Neurología recuerda que el 18% de la población tiene dolor crónico y que seis de cada diez casos neuropáticos tardan años en diagnosticarse.

Coincidiendo con el Día Mundial contra el Dolor, que se celebra el 17 de octubre, la Sociedad Española de Neurología (SEN) ha puesto cifras a un problema que condiciona la vida cotidiana de millones de personas: el dolor persistente. Lo recoge ABC Bienestar, que ha recopilado los datos difundidos por la sociedad científica y las declaraciones de la neuróloga Montserrat González Platas, coordinadora de su grupo de estudio sobre dolor neuropático.
Qué dicen las cifras
Según la SEN, más del 30% de los españoles convive con algún tipo de dolor, con mayor frecuencia entre los 45 y los 54 años. Un 18% lo tiene de forma crónica, entendiendo por tal el que dura más de tres meses, y un 5% lo sufre a diario. Dentro de ese conjunto, el dolor neuropático —el que se origina por una lesión o una disfunción del propio sistema nervioso— afecta a más de tres millones de personas en España, con unos 400.000 nuevos diagnósticos cada año. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), la entidad científica internacional que coordina la campaña de este año, lo sitúa entre el 7% y el 10% de la población mundial.
La sociedad científica añade que la mitad de las consultas de atención primaria están motivadas por dolor y que hasta una cuarta parte de ellas podrían tener un componente neuropático. Más del 60% de quienes tienen dolor crónico presentan, en mayor o menor grado, ese componente, según González Platas.
Por qué importa a quien se mueve
El dato que más interpela a cualquiera que trabaje con el movimiento es este: la SEN calcula que un 65% de los afectados ha tenido que recortar sus actividades cotidianas. A ello se suman trastornos del sueño en el 60% de los casos, fatiga crónica en torno al 40%, depresión en el 34% y ansiedad en el 25%. En conjunto, los neurólogos estiman que el 85% ve muy condicionada su calidad de vida.
La neuróloga describe el dolor neuropático como continuo, quemante y punzante, con sensación de calambres o descargas eléctricas, normalmente localizado en una zona concreta aunque puede extenderse. Y subraya una diferencia importante respecto a otros dolores: no cumple una función protectora, es decir, no avisa de un daño real, sino que el sistema nervioso interpreta como dolorosos estímulos que no deberían serlo.
Tres mecanismos distintos
El texto de ABC recoge la clasificación que manejan los especialistas según el mecanismo que lo origina:
- Nociceptivo: respuesta a una lesión, una infección o una enfermedad. Suele localizarse y a veces se acompaña de inflamación.
- Nociplástico: alteración funcional en las vías del dolor, muy persistente, con sensibilidad aumentada y a veces repartido por varias zonas.
- Neuropático: causado por lesión o disfunción del sistema nervioso; puede dar quemazón, hormigueo o entumecimiento.
Esa distinción no es académica. Explica por qué dos personas con molestias aparentemente similares responden de forma muy distinta a lo que se les propone, y por qué la valoración corresponde siempre a un profesional sanitario antes de plantear cualquier plan de ejercicio.
El problema del retraso diagnóstico
González Platas señala el infradiagnóstico como uno de los grandes obstáculos: estima que hasta seis de cada diez casos tardan dos años o más en identificarse, en parte porque el dolor neuropático suele coexistir con otros tipos de dolor. Con los fármacos disponibles hoy, menos del 60% de los pacientes consigue un alivio suficiente, según la SEN, que confía en que nuevas terapias mejoren ese porcentaje.
La sociedad científica reclama reforzar los equipos multidisciplinares —neurólogos, unidades del dolor, rehabilitadores, fisioterapeutas, neuropsicólogos y psicólogos clínicos, entre otros— y mejorar la formación de los profesionales. Cuando se identifica pronto y se trata bien, apunta la neuróloga, el dolor no siempre desaparece, pero sí puede controlarse, y eso cambia el día a día.
Es una idea que conecta con lo que la investigación viene mostrando sobre el dolor crónico y su relación con el movimiento: la experiencia dolorosa no se explica solo por el estado de los tejidos.
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Elaborado a partir de información publicada por ABC Bienestar · Fuente primaria: documento original
