Entrenar la musculatura de la lengua: qué dice la nueva evidencia en apnea del sueño
Un estudio español con 60 pacientes observa cambios en el volumen de la lengua tras tres meses de ejercicios orofaríngeos. No sustituye a la CPAP.

La idea de que unos músculos se entrenan y responden mejor no es exclusiva de la espalda o las piernas. La terapia miofuncional aplica ese mismo principio a la lengua, el paladar y la musculatura de la faringe, y la investigación reciente está midiendo qué ocurre con ella en personas con apnea obstructiva del sueño. La Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) ha hecho balance de lo que se sabe y de lo que todavía no, según recoge ConSalud.
Qué es la apnea y por qué entra en juego el músculo
En la apnea obstructiva del sueño la vía aérea superior se estrecha o se cierra de forma repetida durante la noche, lo que interrumpe la respiración, altera la oxigenación y fragmenta el descanso. Durante mucho tiempo se ha explicado sobre todo por la anatomía: cuello, lengua, estructuras que dejan poco espacio. La lectura que plantean los especialistas es algo distinta: el colapso dependería de la interacción entre esa anatomía y la capacidad neuromuscular para mantener la vía abierta mientras se duerme.
Esa visión aparece en un editorial publicado en Sleep Medicine Reviews firmado por Carlos O'Connor-Reina, presidente de la Comisión de Roncopatía y Trastornos del Sueño de la SEORL-CCC, junto a Peter Baptista y Guillermo Plaza. La terapia miofuncional, subrayan, no es "mover la lengua" sin más: son programas estructurados y repetidos dirigidos a la fuerza, la movilidad y la coordinación de esa musculatura.
El estudio: 60 pacientes y tres meses
La objeción evidente es de sentido común: si al dormir el tono muscular baja de forma natural, ¿de qué sirve entrenar despierto? Una investigación española publicada en Journal of Clinical Sleep Medicine, con Cristina Rodríguez-Alcalá como primera autora y participación de O'Connor-Reina, ha buscado datos en esa dirección.
El trabajo siguió durante tres meses a 60 adultos con apnea moderada o grave procedentes de las unidades de sueño de los hospitales Quirónsalud Marbella y Quirónsalud Campo de Gibraltar. Se repartieron en tres grupos: apnea moderada tratada con terapia miofuncional; apnea grave que combinó los ejercicios con CPAP (el dispositivo de presión positiva que se usa habitualmente como tratamiento); y un grupo de control con apnea grave solo con CPAP. Los ejercicios orofaríngeos se hicieron a diario y se supervisaron por telemedicina.
Tras ese periodo, en el grupo con apnea moderada que hizo los ejercicios los investigadores midieron una reducción media de 8 centímetros cúbicos en el volumen de la lengua y de 4 milímetros en su grosor. En quienes tenían apnea grave y combinaron ejercicios con CPAP, la reducción media del volumen lingual llegó a los 12 centímetros cúbicos. El grupo que solo usó CPAP no mostró cambios relevantes en ese parámetro.
También se observó la vía aérea mediante endoscopia del sueño inducido, una prueba que permite ver dónde se produce el colapso con el paciente sedado. En el grupo de apnea moderada, la ausencia de colapso de la lengua pasó del 15% al 80%; en el de apnea grave con ejercicios y CPAP, del 15% al 55%, aunque aquí la diferencia no alcanzó significación estadística.
Lo que no se puede concluir
Conviene leer estos números con las mismas cautelas que cualquier otro trabajo sobre ejercicio. El estudio incluyó a 60 personas, duró tres meses y no fue un ensayo aleatorizado: es un diseño que sugiere una dirección, no que zanje nada. Quedan sin responder qué ejercicios funcionan mejor, cuánto tiempo hay que sostenerlos, cuánto duran los efectos y en qué perfiles merecen más la pena. Son las preguntas de fondo que conviene hacerse siempre al leer un estudio sobre ejercicio.
Los propios autores insisten en el límite práctico: la terapia miofuncional no se plantea como sustituto de la CPAP y nadie debería abandonar un tratamiento indicado para cambiarlo por ejercicios hechos por su cuenta. O'Connor-Reina lo resume señalando que la apnea es una enfermedad muy heterogénea y que el reto está en identificar qué mecanismo predomina en cada persona para elegir después el tratamiento o la combinación adecuada. En ese esquema caben la CPAP, los dispositivos de avance mandibular, la cirugía, la estimulación del nervio hipogloso o los propios ejercicios, solos o combinados.
La aportación interesante para quien trabaja con el cuerpo es otra: los datos apuntan a que un entrenamiento hecho despierto podría modificar no solo la función de un músculo, sino algunas de las condiciones estructurales asociadas al problema. Como en tantos programas de ejercicio terapéutico con evidencia desigual, la valoración de si procede o no corresponde al profesional que sigue cada caso.
- apnea del sueño
- terapia miofuncional
- ejercicio terapéutico
- investigación
- SEORL
Elaborado a partir de información publicada por ConSalud · Fuente primaria: documento original
