"No es falta de tiempo, es falta de prioridad": un fisiólogo sobre el ejercicio
El fisiólogo John Hawley sostiene en un podcast que la excusa del tiempo esconde una jerarquía de prioridades, y repasa el diálogo entre músculo y órganos.

La idea de que no hay tiempo para moverse es, según el fisiólogo australiano John Hawley, una coartada cómoda. En declaraciones recogidas por Men's Health España a partir de su intervención en The Living Room Podcast, el investigador sostiene que casi nadie va sobrado de horas, pero que eso no explica por qué el ejercicio queda fuera de la agenda: lo que decide es el lugar que se le da frente a otras actividades.
Hawley dirige el Centro de Metabolismo y Rendimiento Humano de la Universidad Católica Australiana, en Melbourne, y compara el entrenamiento con lavarse los dientes: si algo se considera importante, aparece el hueco. Su frase más citada en la entrevista apunta directamente al ocio pasivo: si ver una serie pesa más que moverse, eso es lo que acabará ocupando la tarde.
Una afirmación sobre hábitos, no un resultado de laboratorio
Conviene situar lo que es esta pieza: una conversación en un podcast, no un estudio. Hawley no presenta datos nuevos ni una muestra de participantes, sino una lectura personal —respaldada por su trayectoria investigadora— de por qué el sedentarismo persiste pese a décadas de recomendaciones. Como argumento es discutible, entre otras cosas porque la posibilidad de moverse no se reparte igual: el tiempo disponible, los turnos de trabajo, los cuidados o la renta condicionan mucho más de lo que sugiere la idea de elegir. En Europa, de hecho, la brecha entre rentas altas y bajas en la movilidad está bien documentada por la estadística oficial.
El músculo como órgano que "habla"
La parte más interesante de su intervención es fisiológica. Hawley describe el ejercicio como una intervención con efectos en prácticamente todos los sistemas del cuerpo —esquelético, cardiorrespiratorio, cerebral— salvo cuando aparece la lesión por exceso de carga. Y señala dos frentes que han ganado peso en la última década: la relación entre actividad física y cerebro, y la que conecta el ejercicio con la salud intestinal.
El mecanismo que menciona son las mioquinas, sustancias que el músculo libera al contraerse y que viajan a otros tejidos. En esa lectura, el músculo no es solo un motor mecánico, sino un órgano que se comunica con el resto del organismo. Es una línea de investigación activa, aunque todavía lejos de permitir prescripciones concretas: saber que existe ese diálogo no equivale a saber qué dosis de qué ejercicio produce qué efecto en cada persona.
Qué se traduce a la práctica
Para quien se mueve de forma regular, el mensaje no cambia gran cosa: la frecuencia sostenida importa más que las sesiones heroicas aisladas. Para quien lleva tiempo parado, lo relevante es que el beneficio no depende de alcanzar un volumen alto desde el primer día. Y conviene recordar algo que el propio Hawley apunta de pasada: el único escenario en el que el ejercicio deja de sumar es cuando la carga supera lo que el cuerpo puede asimilar, algo que tiene que ver con el papel de la recuperación en la adaptación muscular.
Si hay dolor, una lesión reciente o una patología de base, la valoración de qué y cuánto entrenar corresponde a un profesional sanitario, no a un podcast.
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Elaborado a partir de información publicada por Men's Health España · Fuente primaria: documento original
