Eurostat: la brecha más grande entre ricos y pobres está en caminar
El 24,9% de la población europea en riesgo de pobreza declara dificultades para caminar, frente al 16,9% del resto, según datos de Eurostat de 2025.

Las diferencias de renta no solo se notan en la cartera: también aparecen cuando se pregunta a la gente si puede caminar, cuidarse o concentrarse sin dificultad. Los datos europeos publicados por Eurostat y recogidos por el medio especializado ConSalud muestran que, entre todas las capacidades analizadas, la movilidad es donde la distancia entre quienes están en riesgo de pobreza y quienes no lo están se abre más.
Ocho puntos de diferencia al caminar
Según las cifras correspondientes a 2025, el 24,9% de las personas en riesgo de pobreza en la Unión Europea declara dificultades moderadas o graves para caminar, frente al 16,9% de quienes no se encuentran en esa situación. Son ocho puntos porcentuales, la brecha más amplia de todas las funciones recogidas.
El patrón se repite, con menor intensidad, en el resto de capacidades:
- Visión: 23,8% frente a 18,9%.
- Memoria y concentración: 20,6% frente a 14,5%.
- Audición: 12,9% frente a 11,1%, la distancia más corta.
- Autocuidado: 10,1% frente a 5,8%.
- Comunicación: 7,5% frente a 4%.
El autocuidado —vestirse, asearse, moverse por casa de forma autónoma— casi duplica su prevalencia entre la población con menos recursos. Es un indicador que se usa habitualmente para describir la autonomía funcional, y que en salud del movimiento se relaciona con la fuerza, el equilibrio y la capacidad de desplazarse sin ayuda.
Qué mide exactamente esta estadística
Los datos proceden del módulo de salud de la EU-SILC, la encuesta europea de ingresos y condiciones de vida que coordina Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea. Es información autodeclarada: las personas responden sobre sus propias dificultades, no se les practica una exploración. Y es un retrato transversal, de un momento concreto, no un seguimiento en el tiempo. Eso significa que describe una coincidencia entre pobreza y limitación funcional, pero no permite afirmar cuál de las dos cosas provoca la otra. Con frecuencia la relación funciona en ambos sentidos: tener menos recursos complica mantenerse activo, y perder autonomía complica trabajar y generar ingresos.
El coste de la atención médica, muy desigual por países
El segundo bloque de datos se refiere a la carga económica de la asistencia sanitaria. En el conjunto de la UE, el 19,1% de las personas en riesgo de pobreza considera que la atención médica supone una carga financiera elevada, frente al 12,5% del resto de la población.
Las diferencias entre Estados miembros son enormes. Italia registra el porcentaje más alto entre población en riesgo de pobreza (47,6%) y Eslovenia el más bajo (5,6%). Si se compara por nivel de ingresos, Bulgaria presenta la mayor brecha: 42,5% entre quienes menos ingresan frente al 9,7% de los tramos altos. España aparece en el extremo opuesto, con apenas 0,9 puntos de diferencia entre ambos grupos, un reflejo de la cobertura pública del sistema sanitario.
Por qué importa a quien se mueve
Que la mayor desigualdad aparezca precisamente en caminar sitúa la movilidad en el centro del debate sobre equidad en salud. Caminar sin dificultad condiciona el acceso al trabajo, a los servicios y a la propia actividad física, y su deterioro suele ir acompañado de pérdida de fuerza y de equilibrio. Es también una de las razones por las que los programas comunitarios de ejercicio supervisado —desde la campaña sobre dolor persistente y movimiento hasta los ensayos de ejercicio adaptado en mayores— se plantean desde lo público: cuando la práctica depende solo del bolsillo, las diferencias se ensanchan.
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Elaborado a partir de información publicada por ConSalud · Fuente primaria: documento original
