Diez mitos sobre la longevidad: qué dicen sus autores del ejercicio y la fuerza
Un especialista en medicina del envejecimiento revisa diez creencias extendidas sobre cumplir años. Varias afectan directamente a cómo nos movemos.

El diario ABC recoge la presentación de una guía sobre longevidad en la que Manuel J. Castillo, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL), repasa diez creencias extendidas sobre el hecho de cumplir años. Varias tienen que ver de lleno con el movimiento: si llega tarde empezar a entrenar, si caminar basta y si hace falta entrenar duro para notar algo. Conviene apuntar que la guía la edita una empresa de complementos alimenticios, un dato que ayuda a leer el contexto en el que se difunden estos mensajes.
La idea que ordena el resto
Castillo sostiene que las dos posiciones extremas son falsas: ni el envejecimiento es un destino cerrado frente al que no se puede hacer nada, ni es algo que pueda detenerse. Según su formulación, lo único demostrable es que es influenciable, y en ambas direcciones. Pone como ejemplo el propio ejercicio: fortalecer la musculatura mejora la salud física y mental, pero un exceso de carga sin recuperación puede volverse en contra.
Sobre el peso de la herencia, el especialista recuerda que los estudios clásicos situaban la influencia genética en torno al 20-25%, mientras que un trabajo publicado este año en la revista Science —que intentó separar la mortalidad ligada al envejecimiento biológico de la provocada por causas externas— eleva esa cifra por encima del 50% para la duración intrínseca de la vida. Su lectura es que ambas cifras conviven: con una herencia especialmente favorable la genética pesa más, y en la mayoría de la población el margen de estilo de vida y entorno sigue siendo amplio.
Los mitos que tocan al movimiento
Cuatro de los diez puntos hablan de ejercicio:
- «La debilidad y el deterioro mental son inevitables». El riesgo de sarcopenia, fragilidad y deterioro cognitivo aumenta con la edad, pero aumentar el riesgo no es lo mismo que convertir la pérdida funcional en irremediable.
- «A partir de cierta edad ya es tarde para ponerse en forma». Castillo cita trabajos de su propio grupo de investigación en los que adultos sedentarios de 50 a 60 años mejoraron su capacidad cardiorrespiratoria y su fuerza tras 12 semanas de entrenamiento. La capacidad de adaptación disminuye, pero no desaparece.
- «Si camino todos los días, ya hago lo necesario». Caminar aporta beneficios frente al sedentarismo, pero el texto insiste en que un planteamiento completo tiene que incluir trabajo de fuerza y función muscular. Es un punto que conecta con lo que señalan quienes advierten de que las mujeres adultas entrenan poco la fuerza.
- «Hay que entrenar muy fuerte o con mucha tecnología». El HIIT o la electroestimulación pueden ser herramientas útiles, pero la guía defiende que lo determinante es que el ejercicio sea adecuado, seguro y sostenido en el tiempo, no que sea extremo.
Qué añade y qué no
No hay aquí datos nuevos: se trata de una recopilación divulgativa que ordena evidencia ya publicada. Su valor está en el matiz. Frente al relato del atajo, el texto recuerda que no existe evidencia de que una sola intervención neutralice años de sedentarismo o de factores de riesgo mal controlados, y que la suma de hábitos tiene más respaldo que cualquier biohack.
El mensaje encaja con otras líneas de investigación recientes, como el seguimiento que sitúa en los 35 años el inicio del declive físico: el momento de intervenir es mucho antes de que aparezcan los síntomas. Cualquier programa de ejercicio en edades avanzadas o con patología previa debería valorarlo un profesional sanitario o del ejercicio.
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Elaborado a partir de información publicada por ABC Bienestar · Fuente primaria: documento original
