Un seguimiento de 47 años sitúa en los 35 el inicio del declive físico
El Instituto Karolinska siguió a 427 personas desde los 16 hasta los 63 años: el rendimiento físico cae desde mediados de los treinta, pero moverse amortigua la pérdida.

Un equipo del Instituto Karolinska (Suecia) ha seguido durante casi cinco décadas a un mismo grupo de personas para ver cómo cambiaba su capacidad física con la edad. La conclusión, difundida por ScienceDaily a partir de la nota del propio centro, es que la condición física alcanza su techo entre los 26 y los 36 años y empieza a bajar a partir de mediados de la treintena, incluso en quienes se mantienen activos.
Cómo se hizo el estudio
La investigación forma parte del proyecto sueco SPAF (Swedish Physical Activity and Fitness) y se publicó en 2025 en la revista Journal of Cachexia, Sarcopenia and Muscle. Participaron 427 hombres y mujeres nacidos en 1958, seleccionados al azar, a quienes se evaluó de forma repetida desde los 16 hasta los 63 años: en total, 47 años de seguimiento.
Es un diseño observacional longitudinal, y ahí está su interés. La mayoría de trabajos sobre envejecimiento físico compara en un mismo momento a personas de distintas edades, lo que mezcla generaciones con hábitos, alimentación y trabajos muy distintos. Aquí se midió a las mismas personas una y otra vez a lo largo de su vida.
Las pruebas valoraron tres cosas: capacidad aeróbica (cómo de bien usa el cuerpo el oxígeno durante el esfuerzo), resistencia muscular (cuánto tiempo puede sostener un músculo el trabajo) y potencia muscular (la capacidad de generar fuerza rápido, la que interviene al subir escaleras o levantarse de una silla).
Qué observaron
El patrón fue constante. La capacidad aeróbica y la resistencia muscular tocaron techo entre los 26 y los 36 años, y el rendimiento empezó a bajar hacia mediados de la treintena. La potencia explosiva alcanzó su máximo todavía antes.
El descenso fue leve al principio y se aceleró con los años. A los 63, el promedio de las distintas mediciones había caído entre un 30 % y un 48 % respecto al punto máximo. El patrón apareció tanto en hombres como en mujeres: los niveles absolutos diferían, pero el ritmo de pérdida asociado a la edad fue parecido.
El dato que más matiza el titular es otro: quienes se volvieron activos ya en la edad adulta mejoraron su capacidad física en torno a un 5-10 %, y quienes ya se movían en la adolescencia llegaron con mejores registros a las décadas siguientes. Es decir, el ejercicio no anula el declive, pero cambia desde qué nivel se produce.
"Nunca es tarde para empezar a moverse", resume Maria Westerståhl, profesora del Departamento de Medicina de Laboratorio y primera autora del trabajo, que añade que la actividad física frena la pérdida de rendimiento aunque no la detenga del todo. El siguiente paso del equipo es buscar los mecanismos biológicos que la explican.
Por qué el cuerpo empieza a perder antes de lo que parece
Los autores no tienen una respuesta cerrada. Se apunta a cambios en las células musculares, en el sistema nervioso y en la producción de energía, incluida la función de las mitocondrias, las estructuras celulares que convierten los nutrientes en energía utilizable. Con los años, el músculo también responde peor a las señales que activan su crecimiento y reparación, un proceso que en sus formas avanzadas se asocia a la sarcopenia.
Conviene leer bien la cifra: que la media poblacional baje a partir de los 35 no significa que cada persona se debilite ese año. Una persona concreta puede seguir mejorando su fuerza y su capacidad aeróbica con entrenamiento mucho después de esa edad, algo coherente con la dosis mínima de fuerza que señala la evidencia.
Qué añaden los estudios de seguimiento
Con la misma cohorte sueca, un trabajo publicado en 2026 en Scientific Reports encontró que quienes tenían mejor capacidad aeróbica a los 34 y a los 52 años presentaban menos rigidez arterial a los 63, incluso ajustando por factores como el tabaquismo, la presión arterial o la obesidad. No demuestra causalidad, pero sugiere que la condición física de la mediana edad deja huella después.
Otros dos trabajos de 2026 van en la misma línea. En GeroScience, 82 personas mayores que siguieron practicando ciclismo durante nueve años perdieron de media un 19,7 % de capacidad aeróbica máxima, aunque casi todas se mantuvieron en el percentil 90 o por encima para su edad. En The American Journal of Medicine, 49 hombres de 60 a 82 años sin experiencia previa en entrenamiento estructurado mejoraron su fuerza en cuatro años; es una muestra pequeña y cada participante eligió su programa, así que el resultado es orientativo.
El equipo sueco planea una nueva ronda de mediciones cuando los participantes cumplan 68 años. La idea que atraviesa todo el conjunto es sencilla: envejecer y desacondicionarse no son lo mismo, y el cansancio del sedentarismo no se cura descansando. Si partes de una lesión o de un parón largo, la valoración de un profesional sanitario sigue siendo el punto de partida razonable.
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Elaborado a partir de información publicada por ScienceDaily Fitness · Fuente primaria: documento original
