La función del abdomen no es la "tableta": estabilizar la columna
Una licenciada en INEF explica en ABC Bienestar por qué el trabajo de core busca sostener la zona lumbar y no un abdomen visible.

El trabajo abdominal se asocia casi siempre a un objetivo estético, pero su papel en el cuerpo es otro: sostener la columna y transmitir fuerzas entre el tren superior y el inferior. Es la idea central de un artículo publicado en ABC Bienestar, en el que la licenciada en INEF Yolanda Suárez sostiene que acumular cientos de repeticiones no es lo que mejora la estabilidad del tronco.
Qué se plantea en el artículo
Según explica esta profesional al diario, la función principal de la musculatura abdominal no es marcar un relieve visible, sino estabilizar la columna y proteger la zona lumbar durante el movimiento. Desde ese punto de vista, un abdomen fuerte y un abdomen aparente no son lo mismo, y el segundo no es un indicador del primero.
El texto apunta también a una situación frecuente en consulta y en sala: personas que entrenan abdominales con intensidad y siguen notando molestias en la espalda. Para Suárez, la explicación no suele estar en la cantidad de ejercicios, sino en factores como el sedentarismo, el estrés o los hábitos de vida. Es una afirmación de la entrevistada, no el resultado de un estudio, y conviene leerla como tal.
Ejercicios de control, no de repetición
La propuesta que describe el artículo se apoya en tres movimientos clásicos del trabajo de core: la plancha frontal, el dead bug —tumbado boca arriba, extendiendo brazo y pierna contrarios de forma lenta— y el bird dog, en cuadrupedia, con la extensión también cruzada. Son ejercicios habituales en fisioterapia y en muchas clases de Pilates, y comparten una lógica: el tronco se mantiene quieto mientras las extremidades se mueven.
Ahí está la clave que subraya la autora del artículo. En los tres casos lo que se entrena no es tanto la contracción máxima como la capacidad de no perder la alineación: evitar que la espalda se hunda en la plancha, controlar la velocidad en el dead bug, sostener la posición unos segundos en el bird dog. Por eso el énfasis está en la ejecución y no en el número.
Suárez plantea una frecuencia de dos o tres sesiones por semana y afirma que en pocas semanas pueden notarse mejoras en estabilidad, control corporal y postura. Se trata de una estimación profesional, no de un resultado medido en un ensayo: el artículo original no cita investigación que cuantifique esos cambios.
El punto que suele confundirse
La entrevistada insiste en un aspecto que el marketing del ejercicio distorsiona a menudo: el cuerpo no elimina grasa de manera localizada. Entrenar abdomen fortalece el abdomen; no reduce el perímetro de la cintura por sí solo. Lo compara con pintar una pared con humedad: la superficie mejora, pero la causa sigue ahí.
Para quien practica Pilates, este planteamiento no resulta ajeno. El método organiza buena parte de su repertorio alrededor de la estabilidad del centro y del control de la posición de la pelvis y la columna mientras se mueven brazos y piernas, con progresiones que se ajustan al nivel de cada persona. La diferencia entre un ejercicio útil y uno que genera molestias suele estar en cómo se hace, no en cuántas veces.
Una advertencia necesaria
Nada de esto sustituye una valoración individual. Si hay dolor lumbar persistente, una lesión reciente, embarazo o posparto, quien debe decidir qué ejercicios son adecuados y en qué dosis es un profesional sanitario o un docente con formación específica, después de ver a la persona. Un artículo divulgativo, este incluido, describe planteamientos generales: no diagnostica ni prescribe.
Información elaborada a partir de la pieza publicada en ABC Bienestar con declaraciones de la licenciada en INEF Yolanda Suárez.
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Elaborado a partir de información publicada por ABC Bienestar · Fuente primaria: documento original