Jubilarse cambia el cuerpo: menos movimiento diario y más sedentarismo
Un artículo de elDiario repasa qué dice la investigación sobre jubilación, mortalidad y ánimo, y el papel del movimiento que desaparece al dejar el trabajo.

La jubilación se vive como una recompensa, pero también desmonta de golpe una buena parte de la actividad física y mental que el trabajo imponía sin pedir permiso. Un reportaje publicado en elDiario (sección Consumo Claro) recopila lo que la investigación ha observado sobre esa transición y las voces de dos profesionales sanitarias. El resumen es menos épico de lo que suena: lo determinante no es la fecha de la pensión, sino lo que se hacía antes y lo que se hace después.
Qué dicen los estudios citados
El texto arranca con un trabajo de la Universidad de Shanghái publicado en 2026 que cruzó datos de 48 países de la OCDE a lo largo de 16 años de registros. Según ese análisis, cada año adicional de vida laboral antes de jubilarse se asociaba a una reducción del 11% en el riesgo de mortalidad por cualquier causa, con independencia de la riqueza del país o de su gasto sanitario. Es un estudio de datos agregados por países, no un ensayo: muestra una asociación, no una causa.
De hecho, el propio reportaje matiza ese dato con una revisión sistemática de 25 estudios publicada en 2020. Al ajustar por el estado de salud previo de los participantes, el exceso de mortalidad vinculado a la jubilación ordinaria desaparecía. Dicho de otro modo: en muchos casos la gente no enferma por jubilarse, sino que se jubila porque ya estaba peor. La dirección de la flecha importa.
En el plano del ánimo, el artículo cita un metaanálisis de 2021 que encontró más síntomas depresivos tras la jubilación, sobre todo cuando la salida del trabajo fue inesperada, como ocurre en muchas prejubilaciones. Los autores apuntan a la pérdida de propósito y la reducción de vínculos sociales. Sobre la cognición, una revisión no halló un deterioro general, solo un pequeño efecto negativo en memoria. El reportaje no detalla el número de participantes de estas revisiones, un dato que conviene tener en cuenta al interpretarlas.
El movimiento que desaparece sin avisar
La parte más física del asunto la resume la médica de familia Silvia de Blas: el trabajo obliga a desplazarse, a subir escaleras, a moverse y a resolver cosas. Cuando eso se acaba, esa actividad no se sustituye sola. El trayecto diario, las prisas por llegar a una reunión o los recados entre tareas sumaban una cantidad de movimiento que, de repente, hay que decidir hacer a propósito.
Por eso el riesgo que describen las profesionales consultadas no es la jubilación en sí, sino lo que suele acompañarla: más sedentarismo, menos contacto social y cambios de rutina. De Blas cuenta que, en consulta, escucha a menudo el argumento de la edad como explicación del deterioro, y responde con una pregunta: si la persona está así por ser mayor o está mayor por estar así.
La psicóloga clínica Irene Huéscar añade la dimensión identitaria: el trabajo organiza los días, los vínculos y la sensación de ocupar un lugar. Cuando ese andamiaje cae de golpe, hace falta reorganizarlo de forma deliberada.
Lo que se construye antes
Ambas coinciden en que la jubilación se prepara con años de antelación, igual que se prepara el ahorro. Un historial de ejercicio consolidado, relaciones activas y proyectos propios funcionan como colchón. Es la misma idea que recorre otras informaciones sobre el papel de la fuerza para envejecer con autonomía y sobre el equilibrio y la prevención de caídas: no se improvisa a los 70.
Entre las alternativas que plantea el reportaje figuran los aterrizajes graduales —reducción de jornada, tiempo parcial, voluntariado—, que conservan parte de la estructura y del estímulo sin prolongar la carrera indefinidamente. Si aparecen síntomas depresivos o un deterioro físico marcado tras la jubilación, la valoración corresponde a un profesional sanitario.
- envejecimiento activo
- jubilación
- sedentarismo
- actividad física
- salud mental
- estudios
Elaborado a partir de información publicada por elDiario Consumo Claro · Fuente primaria: documento original
