Por qué nos duelen las articulaciones y a los chimpancés no: la pista está en el cartílago
Un estudio en Nature describe que el cartílago humano tiene alrededor de un tercio de los azúcares que le dan elasticidad frente al de otros grandes simios.

La artrosis es una de las grandes causas de discapacidad en el mundo, y sin embargo los chimpancés y los gorilas apenas la desarrollan, incluso cuando llegan a edades avanzadas. Un trabajo publicado en la revista Nature propone una explicación que viene de muy atrás: el cartílago humano habría cambiado durante la evolución hacia una versión más fina y menos elástica, y ese cambio sería el precio de nuestra forma de caminar erguidos.
Qué tipo de estudio es
Conviene situar el hallazgo antes de sacar conclusiones. No se trata de un ensayo con personas ni de un estudio que mida dolor o movilidad, sino de una investigación de genómica comparada: el equipo trabajó con células híbridas de humano y chimpancé y con técnicas de análisis del genoma para construir lo que describen como el primer atlas detallado de las diferencias en la regulación genética del esqueleto humano frente al de nuestros parientes vivos más próximos.
El estudio está liderado por científicos del Instituto Weizmann (Israel) y la Universidad de Kioto (Japón), en colaboración con el laboratorio de Tomàs Marquès-Bonet en el Instituto de Biología Evolutiva (IBE, CSIC-UPF), en Barcelona. La información la recoge el medio español Salud a Diario.
Un tercio de los azúcares que amortiguan
La diferencia más llamativa que describen los autores afecta a los glicosaminoglicanos (GAG), unas moléculas largas de azúcar que retienen agua y dan al cartílago su capacidad elástica. Según el atlas, el conjunto de genes encargado de producirlas está menos activo en humanos: las muestras de cartílago humano contendrían en torno a un tercio del material GAG presente en chimpancés, gorilas, orangutanes y bonobos.
Nadav Mishol, primer autor del trabajo, precisa un matiz importante: las moléculas en sí no han cambiado, lo que ha cambiado es la cantidad que fabricamos. Con menos GAG, el cartílago es más delgado y absorbe peor las fuerzas del movimiento cotidiano. Y como el cartílago apenas se regenera, esa reserva limitada se va desgastando a lo largo de décadas de uso, lo que según los investigadores explicaría por qué los trastornos articulares aparecen sobre todo en la segunda mitad de la vida.
El precio de ponerse de pie
Queda la pregunta incómoda: ¿por qué la selección natural conservaría un rasgo que acaba doliendo? La hipótesis que manejan los autores es que ese cambio articular, junto con unos huesos más finos y unas piernas más largas, habría facilitado la postura erguida y la marcha bípeda. David Gokhman, uno de los directores del estudio, recuerda que la evolución tiende a favorecer rasgos que mejoran el éxito reproductivo, aunque tengan un coste más adelante.
Fumitaka Inoue, de la Universidad de Kioto, añade que las articulaciones de otros grandes simios apenas han variado en millones de años, mientras que las humanas sufrieron una transformación brusca que nos dejó más expuestos a la artrosis, la degeneración de los discos vertebrales y las hernias discales.
Qué cambia y qué no para quien se mueve
El trabajo no propone ningún tratamiento ni ninguna pauta de ejercicio. Su interés práctico, según los propios investigadores, está en haber identificado los mecanismos genéticos que hay detrás del adelgazamiento del cartílago: eso podría servir en el futuro para reconocer a las personas con más riesgo y orientar la prevención, pero es una vía abierta, no un resultado clínico.
Para quien convive con dolor articular, el panorama a día de hoy sigue siendo el que marcan las revisiones de tratamiento. En artrosis de rodilla, por ejemplo, las opciones sin fármacos mejor valoradas en los metaanálisis pasan por el movimiento y las ayudas mecánicas, y cualquier decisión sobre un caso concreto corresponde valorarla a un profesional sanitario. Saber que nuestro cartílago nació con menos margen no significa que esté condenado: significa que la carga con la que lo tratamos a lo largo de la vida importa.
La otra lectura es más general y toca a cualquiera que entrene: el cuerpo humano no es un diseño optimizado, sino un compromiso entre soluciones. Lo mismo ocurre cuando se discute si existe una forma única y correcta de hacer sentadillas: la anatomía de cada uno impone condiciones que ninguna regla general resuelve.
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Elaborado a partir de información publicada por Salud a Diario · Fuente primaria: documento original
