Por qué el cerebro controla el lado contrario del cuerpo: una hipótesis evolutiva
Un trabajo en Frontiers in Neuroanatomy propone que las vías visuales más antiguas explican por qué cada hemisferio gobierna el lado opuesto del cuerpo.

Que el hemisferio derecho gobierne la mano izquierda es uno de esos datos que se repiten en cualquier clase de anatomía sin que nadie explique de dónde viene. Un trabajo publicado en la revista Frontiers in Neuroanatomy y difundido en español por la agencia SINC y el medio Salud a Diario propone una explicación: el cruce vendría de la visión, y sería muy antiguo.
No se trata de un experimento con participantes, sino de una revisión comparativa: los autores repasan lo que se sabe de las vías nerviosas en distintos grupos de vertebrados de cuatro extremidades —anfibios, reptiles, aves y mamíferos— y en algunos peces, y a partir de ahí formulan una hipótesis sobre su origen. Conviene leerlo con esa etiqueta: es una propuesta interpretativa, no una demostración.
Todo empezaría en el ojo
El razonamiento arranca con un detalle óptico. El cristalino invierte la imagen que se forma en la retina, de modo que lo que ocurre a tu derecha queda proyectado en la mitad izquierda del fondo del ojo. Esa información viaja por el nervio óptico hasta el quiasma óptico, donde las fibras se reparten, y llega al tectum óptico —llamado colículo superior en mamíferos—, una estructura del mesencéfalo que organiza las respuestas rápidas a lo que vemos.
Según Martin Wessendorf, investigador de la Universidad de Minnesota y responsable del trabajo, todos los vertebrados actuales cuentan con estructuras que representan por separado el mundo visual derecho e izquierdo, probablemente por esa rotación de 180 grados que impone la lente del ojo. Al ser una disposición presente en todo el grupo, los autores la consideran una de las más antiguas del sistema nervioso de los vertebrados.
El tacto, el dolor y el movimiento siguen el mismo patrón
El artículo describe después las grandes vías sensitivas. La de la columna dorsal transporta tacto fino, vibración y posición del cuerpo —lo que permite saber dónde están los segmentos sin mirarlos— y cruza la línea media en el tronco del encéfalo. Los peces carecen de ella; aparece en anfibios, aves, reptiles y mamíferos. El tracto espinotalámico, que lleva información de dolor y picor hasta el tálamo, cruza antes, en la propia médula espinal, y aparece organizado de forma cruzada incluso en tiburones y rayas.
En el plano motor, los autores repasan tres vías también cruzadas. La tectoespinal explica reacciones casi automáticas: ver un coche por el rabillo del ojo al cruzar y girarse hacia él. La rubroespinal, de gran tamaño en la mayoría de mamíferos, nace en el núcleo rojo del mesencéfalo y facilita el control de las extremidades. Y la corticoespinal, la que en nuestra especie permite el control motor fino.
Esa última es, según el trabajo, un caso particular. En la mayoría de los mamíferos termina en la zona sensitiva de la médula; en primates, incluidos los humanos, alcanza la región que conecta directamente con los músculos. Wessendorf plantea que algunas fibras se abrieron paso hacia esa zona en antepasados primates, lo que habría mejorado el manejo de dedos de manos y pies.
Qué aporta a quien se mueve
La conclusión de los autores es que las vías visuales más antiguas habrían inclinado al sistema nervioso central hacia una organización contralateral, al menos en los tetrápodos. Y sitúan ese origen muy atrás: los peces sin mandíbulas del Cámbrico, hace entre 538 y 486 millones de años, podrían haber tenido ya quiasma y tectum ópticos cruzados, aunque el propio investigador admite que encontrar un cráneo que lo confirme sería cuestión de suerte.
Para quien trabaja el movimiento, el interés está en el recordatorio de que la postura, el equilibrio y la coordinación no son asuntos exclusivamente musculares: dependen de circuitos que integran vista, tacto y posición corporal. Esa relación entre percepción y gesto es la misma que aparece cuando se habla de la estabilidad del tronco y el control del core o de cómo el cerebro gestiona el esfuerzo físico.
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Elaborado a partir de información publicada por Salud a Diario · Fuente primaria: documento original
