Una revisión Cochrane halla poco beneficio en la ergonomía de oficina
Veinte ensayos con 2.478 trabajadores: sillas, teclados y mesas regulables apenas cambiaron el dolor, la función o las bajas, según la revisión.

Sillas regulables, reposapiés, teclados con formas raras y mesas que suben y bajan se han convertido en el equipamiento estándar de muchas oficinas. Una revisión de la Colaboración Cochrane acaba de poner en duda que ese despliegue sirva, por sí solo, para aliviar las molestias de cuello, hombro y brazo relacionadas con el trabajo. Lo cuenta ABC Bienestar, que ha hablado con la autora principal.
Qué se ha revisado y con cuántas personas
El trabajo, dirigido desde la University of Technology de Sídney (Australia), reúne 20 ensayos con un total de 2.478 participantes de distintos países. La mayoría eran personas que pasaban la jornada ante un ordenador y que ya tenían molestias inespecíficas en brazo, cuello u hombro atribuidas a su actividad laboral. Trece de los estudios analizaban oficinas y operadores informáticos; los siete restantes, entornos industriales: fábricas, máquinas de coser, mataderos.
Cochrane es una organización internacional sin ánimo de lucro que revisa la calidad de la investigación publicada sin financiación comercial de por medio. Una revisión de este tipo no genera datos nuevos: agrupa los ensayos existentes y evalúa hasta qué punto sus resultados son sólidos.
La conclusión, en palabras de los autores, es que las intervenciones ergonómicas no mostraron beneficios relevantes en dolor, capacidad funcional, recuperación ni bajas por enfermedad al compararlas con no hacer nada. Tampoco se notificaron efectos adversos derivados de ellas.
Una evidencia más floja de lo que se supone
Poonam Mehta, profesora en Sídney y autora principal, explica a ABC que el objetivo era comprobar si determinadas estrategias —cambios de comportamiento o equipamiento específico como teclados, sillas y escritorios ajustables— resultaban más eficaces que otras. Su resumen sobre la calidad de los datos es prudente: la certeza de la evidencia va de baja a moderada, lo que a su juicio indica que el respaldo de estas medidas es más débil de lo que suele darse por hecho.
Hay matices. Los resultados sobre calidad de vida son contradictorios: un análisis apuntó a una reducción del uso de servicios sanitarios y otro no encontró diferencias apreciables. Y en perfiles concretos, como personas con tendinopatía del manguito rotador, los autores admiten que pueden aparecer beneficios, aunque pequeños. La mezcla de oficinas y trabajo manual en la misma revisión también desaconseja sacar conclusiones generales para cualquier puesto.
El ejercicio, el siguiente capítulo
En el texto de la revisión se señala que las estrategias ergonómicas parecen menos eficaces que el ejercicio físico. Es una comparación indirecta, no el resultado de un ensayo que enfrente ambas cosas, y conviene leerla como tal. De hecho, Mehta adelanta que su grupo trabaja ya en una segunda parte de la revisión centrada precisamente en eso: si las intervenciones basadas en ejercicio funcionan mejor frente a las molestias de brazo, cuello y hombro asociadas al trabajo.
Esa línea encaja con lo que se viene viendo en el abordaje del dolor persistente, donde el movimiento graduado ocupa cada vez más espacio frente al reposo. En este medio hemos contado cómo el cansancio del sedentario no se corrige descansando y por qué la musculatura profunda de la zona lumbar aparece tan a menudo en las consultas de fisioterapia.
Qué significa esto para quien pasa el día sentado
La revisión no dice que una silla incómoda dé igual, ni que haya que tirar el material de oficina. Dice que, con los datos disponibles, no cabe esperar que cambiar el mobiliario alivie el dolor o reduzca las bajas a corto plazo por sí solo. Mehta sugiere que las empresas sopesen ese resultado frente al coste de la inversión, sin perder de vista que las lesiones por esfuerzo repetitivo también se traducen en absentismo, rotación de plantilla e indemnizaciones.
Los propios autores piden más estudios y de mejor calidad: los ensayos incluidos ni siquiera midieron si las molestias reaparecían con el tiempo. Cuando el dolor laboral se instala, la valoración individual corresponde a un profesional sanitario, que es quien puede distinguir una molestia pasajera de un cuadro que necesita tratamiento.
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Elaborado a partir de información publicada por ABC Bienestar · Fuente primaria: documento original
