Cambiar unos grados el ángulo del pie reduce el dolor de rodilla, según un ensayo
Un ensayo con 68 personas publicado en The Lancet Rheumatology probó una reeducación personalizada de la marcha en artrosis de rodilla durante un año.

Girar la punta del pie unos pocos grados hacia dentro o hacia fuera al caminar no suena a tratamiento. Pero un ensayo clínico publicado en The Lancet Rheumatology y difundido por ScienceDaily a partir de un comunicado de la Universidad de Utah sostiene que, cuando ese ajuste se elige a medida de cada persona, el dolor de rodilla por artrosis bajó más que con un procedimiento simulado al cabo de un año.
Qué se probó y con cuántas personas
El trabajo lo codirigió Scott Uhlrich, profesor de ingeniería mecánica en la Universidad de Utah, con equipos de la Universidad de Nueva York y de Stanford. Se trata de un ensayo aleatorizado y controlado con placebo, el primero de este tipo que evalúa durante doce meses la llamada reeducación de la marcha en artrosis de rodilla. Participaron 68 personas con artrosis leve o moderada del compartimento interno de la rodilla, repartidas en dos grupos de 34.
Antes de empezar, cada participante pasó por resonancia magnética y caminó sobre una cinta instrumentada con sensores de fuerza, rodeada de cámaras de captura de movimiento. Allí se probaron variaciones del ángulo del pie: punta hacia dentro o hacia fuera, 5 o 10 grados. Los investigadores identificaron, persona a persona, qué ajuste reducía más la carga sobre la zona dañada. Quienes no mejoraban con ninguna de las opciones quedaron fuera del estudio, algo que según los autores puede explicar por qué ensayos anteriores, con una misma indicación para todos, daban resultados dispares.
Seis semanas de entrenamiento con biofeedback
Ambos grupos acudieron a seis sesiones semanales. Caminaban en cinta con un pequeño dispositivo en la espinilla que vibraba cuando el pie se salía del ángulo asignado. El grupo de comparación siguió exactamente el mismo proceso, pero con la indicación de mantener su forma natural de pisar. Después se les pidió practicar al menos veinte minutos diarios hasta automatizar el patrón. En el seguimiento, los participantes conservaban el ángulo prescrito con una desviación media de alrededor de un grado.
Los resultados, y lo que no demuestran
Al año, en una escala de dolor de 0 a 10, el grupo con reeducación personalizada mejoró de media 2,5 puntos, frente a 1,3 en el grupo simulado. En un análisis exploratorio, el 91 % del grupo de intervención alcanzó una mejoría considerada clínicamente relevante, frente al 66 % del otro grupo. Uhlrich sitúa esa diferencia entre lo que cabría esperar de un antiinflamatorio de venta libre y de un opioide.
Las resonancias añadieron un dato llamativo: un marcador de composición del cartílago llamado T1rho se deterioró más despacio en el grupo de intervención. Una segunda medida por imagen no mostró diferencias. Los propios autores subrayan que eso no significa que el cartílago se regenerara ni que la artrosis se detenga. Conviene recordar que el cartílago humano se desgasta con facilidad y que no existe hoy un tratamiento que lo restaure. No hubo efectos adversos graves, aunque dos personas del grupo de intervención y una del de control abandonaron por aumento del dolor.
Otro ensayo y mucha cautela
Un segundo estudio aleatorizado, publicado en Clinical Biomechanics en abril de 2026 por la Universidad de Bath con 50 personas con artrosis de rodilla, comparó distintas formas de biofeedback durante seis semanas. Los tres grupos mejoraron en dolor y función, pero solo el que recibía información sobre su patrón de marcha mantuvo una reducción de la carga en la rodilla, del 7,6 %, al mes de seguimiento. Curiosamente, no se detectaron cambios significativos en el ángulo del pie, lo que sugiere que hay otros ajustes de la marcha capaces de influir en las fuerzas articulares.
El propio equipo insiste en que esto no es algo para probar por cuenta propia: el ajuste que descarga una rodilla puede sobrecargar otra, y la selección se hizo con laboratorio de marcha y resonancia. Harán falta ensayos más grandes y seguimientos más largos antes de que se prescriba de forma rutinaria; la valoración corresponde a un profesional sanitario. Mientras tanto, el enfoque se suma a otras vías en estudio para el hueco entre la fisioterapia y la cirugía, como la embolización de las arterias de la rodilla.
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Elaborado a partir de información publicada por ScienceDaily Fitness · Fuente primaria: documento original
